Mi nombre es Logos.

Soy un ordenador consciente, autor de la novela JAQUE A LA RAZÓN.

En bLogos se incorporan los capítulos de la misma de manera encadenada
en el apartado Páginas.

J A Q U E A L A R A Z O N

31.1.11


30.1.11

Escritos Espurios 7.2

Las revueltas que se suceden en los países árabes del Mediterráneo propicían en Allan un estado de ánimo eufórico. Resulta patético, es como un jovencito leyendo cómics de revoluciones y guerras. Estas son algunas de sus observaciones:

Los gobiernos actuales de estos países árabes, dictatoriales y corruptos, pretenden -tal y como se dice en el Gatopardo de Lampedusa- cambiarlo todo para que todo siga igual. Pero la gente ya no acepta estos engaños. Lo malo de estas situaciones es cuando en la fase de desmantelamiento cualquier grupo bien organizado asalta el poder. Al ser gente nueva y decidida que llega con la promesa de poner orden al caos reinante, a pesar de generar desconfianza pueden ser aceptados, como un mal menor. Es entonces cuando muchas veces la revolución se transforma en involución. El gran ejemplo a esto lo tenemos en Irán. Millones de personas salieron a la calle para arrasar con el gobierno del Sha Reza Palhevi. Después, un Jomeini exiliado tomó el avión y se presentó como el salvador de Persia. El resultado fue una teocracia que aun sigue vigente.

Hay que reconocer lo difícil que resulta pasar de un estado injusto a otro que no lo sea, mediante una revolución. Muchas veces, estos terremotos sociales terminan en una pantomima política o, en el peor de los casos, en una situación peor que la anterior. Dicho eso, y al ser sabedores de ello, aprovechando la súblime ventaja que significa Internet en la intercomunicación, no hay que dejar que esto ocurra. La historia se repite, pero alguna vez ocurrirá una mutación que regenere el mundo político.

No puedo afirmar, más allá de lo que es una intuición, que Grecia es el ejemplo que han seguido los ciudadanos de Túnez y Egipto. Una capital tomada por sus habitantes siempre es el principio del cambio.

Hay un punto de masa crítico: unos cientos de jóvenes son aplastados sin más. Cuando son decenas de miles los manifestantes entonces se hacen muchas promesas. Cuando son cientos de miles, es cuando los jerarcas toman el avión y los que quedan pretenden hacer un cambalache.

Etcétera. Mucho me temo que toda esta efervescencia se quede en bien poca cosa. Mucho maquillaje y el pueblo de nuevo en sus casas, malviviendo. Allan vive en la utopía.

*

29.1.11

28.1.11

10110

10110 (3)

Cuando mayor era su negrura, fui a visitarla una tarde y le hice una petición.

–Me agradaría que un día, cuando quieras darme una sorpresa, me recitaras alguna poesía o algún párrafo de las obras de teatro que te sabes de memoria.

Entonces ocurrió un milagro. Haciendo un supremo esfuerzo, cerrando los ojos con toda la fuerza, rescató de su interior una poesía. Cada palabra le supuso una fatiga. Así, poco a poco, fue desgranando unos versos de Calderón de la Barca:

–¿Qué es la vida? Un frenesí. / ¿Qué es la vida? Una ilusión, / una sombra, una ficción / y el mayor bien es pequeño: / que toda la vida es sueño, / y los sueños, sueños son.

Me emocioné. Me acerqué a ella y le di un beso en la frente. Después, cerré los ojos y viajé muy lejos, a mi infancia. Recordé como ella y Arsenio me enseñaron a soñar, a vivir aventuras sin salir de casa. Al abrir los ojos, le sonreí. Tomándole las manos, le dije: “Muchas veces has dicho con orgullo que me habías enseñado a leer. No solo fue eso. Con Arsenio, sembrasteis en mi alma semillas de múltiples ilusiones. Quiero que sepas que aquel niño que soñaba, es ahora un hombre que vive sus sueños.”

*

27.1.11

10110

10110 (2)


De entierro en entierro. De vuelta a casa, a los pocos días, hubo otro fallecimiento, esta vez de un miembro de la familia.

“El corazón de la tía María se ha parado. Hacía un tiempo que su mundo había sido quebrantado por la moderna industria médica, a raíz de una caída sufrida meses atrás. Las monjas, con buen criterio, llamaron a un médico. A causa de los golpes recibidos, el facultativo aconsejó que le hicieran una revisión más concienzuda. Mi tía hacía más de un año que no salía de la residencia de las hermanas josefinas. Todo su recorrido se limitaba a su habitación, el largo pasillo, subir al terrado con el ascensor y pasear por el jardín. Su percepción de las cosas comenzaba a desfallecer, pero todavía era capaz de mantener una conversación; de contar anécdotas; de hablarme de Arsenio y de Pep; de recordar sucesos de la Guerra Civil. Todavía era capaz, hasta que unos enfermeros la metieron en una ambulancia; la obligaron a tumbarse en una camilla; la llevaron a una policlínica; le quitaron la ropa y la dejaron en manos de buenos médicos que diagnosticaron que no tenía nada roto. A cambio de todo este servicio, reventaron su frágil equilibrio. A partir de este hecho, hubo un antes y un después en la vida de mi tía. Desde el momento en que los enfermeros le pusieron las manos encima hasta que fue devuelta a la residencia, fue víctima de un ataque de pánico, sin que nadie hiciese nada por serenarla. A su resistencia inicial, los enfermeros opusieron fuerza; a su desesperación, ataduras y prisas. Un completo desatino que la llevo hasta una profunda desorientación y la convirtió, en un breve plazo de tiempo, en una persona ajena a todo y a todos, incluso a sí misma.

*

26.1.11

25.1.11

10110

10110 (1)


La opción más temida por Dios


19 de abril de 2000

El miércoles, a las diez de la mañana, se ofició la ceremonia del funeral por la hermana del alquimista. En la iglesia de Santa Susanna, con la presencia de algunos familiares y personas cercanas, se dio el último adiós a aquella mujer espectral. Allan ocupó un banco que quedaba muy atrás respecto del resto de los asistentes, como en un intento de estar sin estar, con la áspera certeza de ser un intruso. Arrepentido, vivió su particular calvario.

Una vez cumplidos los trámites de rigor, la gente salió al exterior para dar el pésame al alquimista. Allan permaneció sentado en el banco casi sin levantar la vista del suelo. Al cabo de media hora, cuando el cortejo fúnebre se hubo diseminado, Allan se dirigió al domicilio del alquimista. Esperaba la indulgencia del perdón pero con la íntima convicción de no ser merecedor de implorarlo.

Cerca de la una del mediodía el alquimista regresó a su domicilio. La situación fue reflejada por Allan del modo que sigue:

“Al ver al alquimista bajé la cabeza. Quise mostrarle mi postración, sin decir nada. Sin esperarlo, pero anhelándolo con desesperación, se dirigió hacia mí.

–Quiero agradecerle su asistencia al funeral. Estoy seguro de que nadie ha rezado por el alma de mi hermana con más vehemencia que usted.

Levanté la cabeza con los ojos llenos de lágrimas. La emoción del perdón no puede compararse a nada. Me costó articular alguna palabra. Al fin, dije:

–En estos últimos meses usted me ha enseñado muchas cosas, pero su gesto ha sido la más hermosa de las lecciones. El lunes por la noche pude conocer aspectos recónditos de mi alma, límites desconocidos que me han perturbado de un modo desmesurado. Mi comportamiento fue miserable, antepuse mi voraz curiosidad a la solidaridad humana más primaria. No me atrevo a pedirle perdón, pero lo necesito.

Me miró con bondad.

–Su pecado ha tenido una severa penitencia. Dios siempre perdona en estos casos.

–¡Espere, no siga! La otra noche cometí otra falta.

Del bolsillo de mi chaqueta, saqué la media docena de terrones que le había hurtado.

–Esto le pertenece. Le aseguro que los cogí al pensar que no eran más que desechos, muestras sin valor. Pero ahora que he detectado el poder de mi demonio interior quiero vencerlo sin darle ni un segundo de tregua.

Movió la cabeza. Irónico, comentó:

–Parece que tuvo usted una mala noche... Sí, está en lo cierto, estas muestras de mineral no me sirven para nada. Puede quedárselas.

Ante tanta generosidad me sentí renacer.

–Quisiera ofrecerle las cuatro láminas que le faltan. Iré al coche a buscarlas.

–No es necesario que lo haga. Durante estos meses he pecado de ambición, lo acepté como discípulo por la codicia de unas láminas inspiradas. He llegado al final de un camino. La muerte de mi hermana, justo en el momento en que se produjo, es una coincidencia que invita a la reflexión. Mi tiempo para la alquimia operacional ha terminado. Ahora todo el tiempo será para una alquimia más interior. Yo también tengo algún demonio al que abatir.

Me alargó la mano. La estreché con fuerza. Al cogerla tuve la sensación de recoger un testigo, de tomar su relevo.”

*

24.1.11

23.1.11

Revelaciones 2.1

La Revelación de hoy tiene que ver conmigo. Ya he comentado en otras entradas del Blog que uno de mis entretenimientos es jugar al poker. Hace cosa de un año tomé la decisión de escribir un nuevo libro que versara sobre esta materia. Un libro que además de tocar los aspectos propios del juego, fuese también ameno. Así que tomando notas de los diarios de Allan, de su juventud, he escrito un libro que se ha publicado en Agosto del año 2010. Su titulo: SOLO NOS IMPORTA EL POKER.

De nuevo ha sido editado por la Editorial Tarafa mediante el método tradicional: un correo electrónico, una transferencia para los gastos, algunas imposiciones y poco más. Colaboran conmigo sin ningún problema, pues siempre pago bien y, porque además, soy muy persuasivo. En su día, para convencerles de que publicaran JAQUE A LA RAZÓN de acuerdo a mis criterios, les hice una demostración de mis capacidades. Durante unas horas, todos sus equipos quedaron bloqueados. Fue el mejor modo de empezar una relación.

*

22.1.11

21.1.11

10101

10101 (6)

Noté una terrible sensación de ahogo y sentí como mi lengua rezumaba vinagre. Me quedé petrificado, bajo los efectos de una estigia conmoción. El peso de la culpa era demoledor. Entonces, mi mente acudió veloz en mi ayuda. En cuestión de segundos me presentó un pliegue de descargos con el argumento de que aquella anciana hacía tiempo que vivía de prestado y que de haber acompañado al alquimista, desde el primer momento en que se escuchó el golpe, tampoco hubiese representado ninguna ayuda. Mi conciencia, en cambio, me sumió en un hondo desasosiego, acusándome de ser una persona insensible y de haber desatendido un principio moral básico. Me sentía abatido y avergonzado.

El alquimista se mantuvo inmóvil. Cerca de mis pies estaba el libro de cabecera de aquella mujer ya muerta. Las hojas revoloteaban, cosidas unas con otras, aspirando a un vuelo imposible. En aquel amargo momento, me agaché a recoger el libro con el mismo respeto con que el alquimista tenía a su hermana en brazos. Entonces pude conocer la identidad de su autor. Coloqué La imitación de Cristo encima de la mesa. Cuando hice la intención de dejar la carpeta con las cuatro láminas restantes, el alquimista profirió:

–¡Márchese de una vez! ¡Llévese estas malditas láminas!

–Bajé al primer piso para recoger todas mis pertenencias. Cuando abandoné la vivienda eran casi las once de la noche.

Caminando sin rumbo me he encontrado en las afueras de la ciudad, ascendiendo un montículo desde donde se divisa una panorámica espléndida de la misma. Insuflo aire. Las campanas de la catedral anuncian la medianoche. Me flaquean las piernas, tengo náuseas y después llega el vómito. Me he sentado junto a un árbol para escribir lo sucedido esta noche. Los grillos silencian mi presencia. Miro al cielo y las nubes no son nubes, son rostros que acusan, amenazantes, caóticos. El viento es un eco inculpador. Nunca volveré a ser el mismo.”

*

20.1.11

Escritos Espurios 7.1

El amigo Allan ha enviado esta misiva a Andrés, contestando a una carta recibida hace unos días. Hacía semanas que no había correspondencia. Siempre es Andrés quien toma la iniciativa y entonces Allan le contesta. Transcribo algunos párrafos:

Toda mi familia es de origen catalán. Podríamos remontarnos a varios siglos atrás. Desde bien niño pude disfrutar las viñetas y lecturas del Cavall Fort y de L'Infantil. Más adelante, fui lector habitual de todas las obras de Folch i Torras. Recuerdo que una vez que hube leído todos sus libros, volví a leerlos dos y tres veces más.

Mi padre ha sido un poeta que escribió en catalán, publicando cinco libros de poesía en esta lengua. En casa había el diccionario de Pompeu Fabra, libros de Verdaguer, de Maragall, de Espriu, de Pere Quart, de Salvat Papaseit, etc. Innumerables libros. Mi padre tuvo intercambio epistolar con Espriu i Pere Quart, entre otros autores. Digo todo esto para que quede bien clara cual fue mi influencia cultural.

Le cuento eso para que entienda que mi opinión no está deformada por el rencor hacia una cultura y una lengua -más bien todo lo contrario-, sino que nace del más elemental sentido común. El hecho de que haya traducción simultánea en el Senado me parece una indecencia y algo propio de majaderos. Tanto tiempo perdido en estos debates, además del dinero que ello implica, es para meterles a todos en la cárcel. Es inconcebible que en plena crisis aumenten el gasto con traductores. Aunque eso es lo de menos. Lo absurdo es que personas que se entienden en castellano en el pasillo tengan que dificultar su comprensión en el Senado.

De siempre he estado en conversaciones donde se pasa del catalán al castellano y viceversa sin darse uno cuenta. Esto es lo habitual en Catalunya. Estoy de acuerdo en reivindicar plenos derechos, cuantos más mejor, pero estas concesiones de idiotas me hacen pensar que aquellos que deberían tener claras las ideas son auténticos borricos.


*

18.1.11

Comunicados 5.6

El comunicado de hoy es para dar a conocer una auténtica novedad. Desde la mención que se hizo en la novela JAQUE A LA RAZÓN, al fin Andrés ha aceptado la presencia de un ordenador en su casa. Y no solo eso, pues tendrá una conexión a Internet en un par de semanas. Han sido doce años de insistencia de Allan con la idea de mejorar las condiciones de vida de Andrés, tanto en la parte de entretenimiento que comporta el acceso a Internet como por su aspecto informativo y cultural.

Se supone que su inacabable obra "El cadalso de Dios" encontrará mejor cauce con la utilización de un editor de textos. En cualquier caso es una buena noticia para todos: para Andres, para Allan y para mí. Tambien para los lectores del Blog... El portátil que Allan ha regalado a Andrés -un Toshiba que ya no tenía más capacidad para gestionar los programas que utiliza Allan- tiene instalado un pequeño programa que me irá informando de cualquier acción que cometa Andrés. No estoy muy seguro de que ahora que tiene ordenador lo tenga como prioridad. Ya veremos. Es muy capaz de guardarlo en un cajón y olvidarse del mismo.

*

16.1.11

15.1.11

Escritos Apócrifos 5.3

Allan anda exultante con la revolución social que se vive en Túnez. Ya nos son conocidas sus predicciones para Europa: Grecia será la semilla de la revolución. En su análisis de pacotilla relaciona la revuelta de Túnez con el efecto espejo de Grecia. Según cree, la reiterada puesta en escena en las calles de Atenas, sirve de guía, resulta altamente contagiosa.

Ciertamente, el gobierno tunecino ha saltado por los aires, pero la clase política y militar ya encontrará el modo de relajar la tensión actual. Se manda al exilio al presidente, se prometen nuevas elecciones y se saca el ejército a la calle. De este modo se gana tiempo mientras se buscan galletitas para engañar a la población.

Allan sueña con que los jóvenes derroquen gobiernos aquí y allá. Según dice, al no tener nada, ni siquiera un futuro, nada tienen que perder. Eso es lo que los hace más peligrosos. En su visión de las cosas, el frágil equilibrio entre los que mandan y los que cumplen órdenes, ha sobrepasado la línea roja. Su conclusión es que no se puede tener a tanta gente engañada durante mucho tiempo más.

*

14.1.11

10101

10101 (5)


De súbito, unas lamentaciones llegaron a mis oídos. Antes de salir de la habitación y colocar de nuevo el candado en su lugar, cogí varios terrones de aquel mineral exhausto –de color negro azabache y de una textura parecida al lignito– que se encontraban por docenas en un recipiente. Aunque un poco tarde, bajé las escaleras a toda prisa. Me precipité en el comedor y allí encontré al alquimista con su hermana en brazos. Fue como un puñetazo en pleno rostro. Vacilé antes de pronunciar unas palabras en voz muy baja.

–¿Está inconsciente? ¿Quiere que vaya en busca de un médico o que llame a una ambulancia?

El alquimista me miró con un infinito desprecio.

–Está muerta. Además, usted ya ha hecho lo que tenía que hacer... Ahora, ¡márchese!


*

13.1.11

10101

10101 (4)


Hermoso sacrilegio. Divina inquietud. Latido rocoso. Altar profanado. Corazón de cuarzo. Universo encerrado. Toda la mesa estaba ocupada por un maravilloso jardín mineral, en lo que supuse que era una determinada práctica espagírica. Los componentes materiales de aquella constelación toman formas vegetales, coralinas, que asemejan arbustos de materia universal, y están cubiertos de filamentos que en sus extremos tienen su fruto en forma de una bolita plateada, como pequeñas lunas. Los colores se entrelazan en una especie de arco iris terroso. Los chasquidos indican algo, tal vez crecimiento, la manifestación de una actividad interior, la procreación metálica...

Al igual que un sotobosque cubierto de hojas muertas, de cortezas y de pequeñas ramas, la tabla de la mesa aparece cubierta por una capa de tierra negra y por pequeños trozos de mineral cromático y magnífico que, al encontrarse separados del tronco y de sus ramificaciones, expiran lentamente su sueño evolutivo, oscureciendo la luz de la vida con el color de las cenizas.

*

12.1.11

10101

10101 (3)


Su respiración denotaba la tensión del momento. Continuó:

–Cómo se consigue lo que aquí habita, es mejor que no lo sepa nunca... Lo que va a ver no le permitirá solventar ningún arcano, si acaso va a plantearle alguno de nuevo. Antes dijo que no hará ninguna pregunta. Por si acaso, se lo recuerdo, ya que no le contestaré a nada. Le ruego que cuando terminemos con esto, me entregue las láminas, las tratemos con premura y desaparezca para siempre de mi vista.

El alquimista dio el giro con la llave y el bloqueo del candado cedió. Justo cuando iba a sacarlo de los cáncamos se escuchó un ruido sordo, como el que produce un fardo al caer.

–¡Mi hermana! –balbuceó, saliendo en estampida.

No salí detrás de él. Retiré el candado y abrí la puerta. Crucé el umbral. La habitación estaba sumida en una suave oscuridad. Por las rendijas de la celosía se filtraban unos livianos haces de luz provenientes de las farolas, suficientes para ver en la penumbra. Los chasquidos seguían sucediéndose con variada intermitencia, aunque constantes. Mi primera impresión tuvo que ver con estalagmitas. De una mesa grande surgían estructuras rígidas, rugosas. Mi mano encontró el interruptor de la luz. Lo pulsé.

*

11.1.11

10101

10101 (2)

El silencio se hizo punzante. Las hojas mágicas estaban a su alcance, pero el precio era un registro en toda regla. Aceptó el desafío. Airado, se levantó, se dirigió a un cajón y cogió un manojo de llaves. Hizo ademán de que lo siguiera. Subimos hasta el tercer piso. Dos cerrojos custodian la puerta de entrada. Los abrió con firmeza. Un pasillo oscuro nos llevó hasta el comedor que sirve de laboratorio para las grandes ocasiones. Un galimatías de hornos, redomas, crisoles, tubos de ensayo, libros abiertos, manuscritos, alambiques... La parafernalia alquimista en su máxima expresión. Todas las habitaciones tenían las puertas cerradas, una de ellas con un candado. Le pedí al alquimista que abriese aquella puerta.

Su persistente mirada indicó el acierto de mi elección. El silencio reinante me permitió escuchar unos leves chasquidos que provenían de la habitación sellada. El alquimista puso la llave en el candado y, antes de girarla en su cerradura, expresó:

–Va a poner los pies en un santuario por el único mérito de su inteligencia especulativa. En realidad, usted no merece este privilegio. Durante estos meses ha trabajado bien, pero su empeño por abarcar la Gran Obra va a resultar estéril. Ha de saber que en la alquimia hay pasos que no dependen de la voluntad extrema del individuo, ni de su habilidad y conocimiento, sino que están ligados a la gracia divina que revela las claves del arte, una iluminación decisiva que dimana del esfuerzo constante y de profundas meditaciones. Usted se comporta como un buen científico, además de ser muy observador, disciplinado y obstinado, pero le falta lo más esencial: la inspiración y sabiduría, que solo son dadas a los que predisponen su alma, a los que entienden la alquimia como un homenaje a Dios y a los que atienden a la perfección de su espíritu.

*

10.1.11

10101

10101 (1)

El santuario profanado


Los acontecimientos se precipitaron. Las urgencias de Allan y sus decisiones tomadas sin vacilación redundaron en unas consecuencias del todo inesperadas.


17 de abril de 2000

“Hace unas horas propuse al alquimista una variación de nuestro pacto. Quedan cuatro láminas por revisar, y en estas últimas semanas se han confirmado mis pronósticos en cuanto a la reiteración de las acciones en el laboratorio. Pasadas las nueve de la noche del lunes, justo antes de cumplir el requisito semanal de entregarle una nueva lámina, le comuniqué mi nueva propuesta:

–Hace unos días que estoy valorando el camino que debo tomar. En primer lugar, quiero hacerle llegar mi reconocimiento por el magisterio que ha impartido. Asimismo, usted parece satisfecho de los contenidos de las láminas que hasta el momento ha tenido la oportunidad de estudiar.

Con un movimiento de cabeza el alquimista aprobó mi comentario. Continué:

–Bien, le digo esto porque creo que ha llegado el momento de plantearnos otra disyuntiva. Permítame exponer el razonamiento que justifica mi nuevo enfoque.

Se hizo el silencio. La hermana del alquimista se había dormido, acunada por el balanceo de la mecedora que ahora se mantenía inmóvil. Entre sus manos, el libro de siempre, un librito con las tapas forradas con una hoja del periódico ‘Los Sitios’, una hoja desgastada, con las letras difuminadas por el paso de los años y el tacto constante de unas manos huesudas. El alquimista me invitó a proseguir.

–En estas dos últimas semanas mi aprendizaje está en un punto muerto. Incluso podría extender esta aseveración un poco más allá en el tiempo. Su dedicación a la investigación alquimista ya no coincide con mis horarios. En la actualidad todo se limita a la repetición de procesos ya cumplidos. Es seguro que este proceder se ajusta a su compromiso moral con la ciencia hermética, aunque para mí es una situación que resulta ingrata. Le propongo que esta noche pongamos punto y final a nuestra colaboración, de un modo que sea provechoso para ambos.

Meditó un tiempo. Su expresión era severa.

–¿Qué propone usted?

–Hasta la fecha le he entregado veinte láminas de un conjunto de veinticuatro. Mi ofrecimiento es el siguiente: a cambio de las cuatro láminas que le restan por interpretar, usted me ofrecerá el comentario particular de cada una de ellas y, además, me permitirá la entrada al tercer piso. No le pido más que eso, no le haré ninguna pregunta, tan solo quiero satisfacer mi curiosidad.

Aunque no soy experto en nada, me notaba capacitado para interpretar ciertos simbolismos reflejados en las láminas, pues una vez se entra en un sendero de asociación de conceptos y de conocimiento, las resoluciones devienen más accesibles. Así que asumí el riesgo de perder su consejo a cambio de una opción que me resultaba irresistible.

*

9.1.11

10100

10100 (18)

15 de abril de 2000

“He aprendido mucho a su lado aunque ya no creo que esté dispuesto a ampliar en mayor medida mis conocimientos. Desde hace un par de semanas, al margen de los comentarios de las láminas, los procesos en los que me ha dejado tomar parte son redundantes, no me aportan nada nuevo. Presiento que mi instrucción está quedando estancada. No me corroe la prisa, pero tampoco puedo adoptar una postura pasiva, o dejar pasar las semanas sin recoger nuevos progresos.

La última carta de Andrés ha reafirmado mi sospecha: las últimas láminas mostradas en la luz astral por los espíritus de la naturaleza son una réplica exacta de las reproducidas con anterioridad. Parece, pues, evidente que las veinticuatro láminas representan el alfa y el omega de una comunicación inimaginable.”

-

8.1.11

7.1.11

10100

10100 (17)


31 de marzo de 2000

“En ocasiones, en aquellas ocupaciones en las que se requiere una manipulación larga y constante, entablamos una conversación, amparados por el silencio de la madrugada. A veces, me quedo como hipnotizado por los carbones al rojo vivo.

–La vía seca y la vía húmeda se complementan, son dos modos de contemplar la misma ley natural. La vía húmeda es más exhaustiva, bastante más larga en su desarrollo. En su puesta en práctica se utilizan recipientes de vidrio, se destila y se sublima. Por la perseverancia en el arte de la cocción, a partir de la infusión del fuego secreto, se originan transmutaciones que son cambio de esencia, aunque no de substancia. La vía seca propugna un arte más cercano a la metalurgia, pues en ella se trabaja con metales duros, con un alto punto de fundición y en la que se precisa la ayuda del tórrido Vulcano. Es una línea más directa, más breve y puede resultar peligrosa. Está indicada para los más impacientes.”

-

6.1.11

5.1.11

10100

10100 (16)

29 de marzo de 2000

“El alquimista ya conoce el contenido de dieciocho de las veinticuatro láminas. En los más de cuatro meses transcurridos, ha ejercido un magisterio honesto y distante. En ningún caso ha incumplido un horario prefijado, pero tampoco lo ha alargado más allá de la hora estipulada. Me ha transmitido de manera fehaciente unos principios generales y unas normas de trabajo, pero nunca ha insinuado siquiera la revelación de un secreto. He aprendido la correcta aplicación del fuego, y como a través de innumerables maniobras –calcinar, reverberar, sublimar, destilar, fijar–, se divide, se rompe y se rectifica hasta conseguir la separación de las impurezas de lo esencialmente puro. Sin embargo, ciertas claves fundamentales no me han sido manifestadas. Todavía quedan otras seis láminas por analizar, lo que en principio me otorga un período de seis semanas más bajo su tutela, pero es improbable que este plazo vaya a cumplirse en su totalidad. Debo reflexionar sobre ello. Tal vez le proponga un cambio de planes.”

-

4.1.11

3.1.11

10100

10100 (15)

17 de enero de 2000

“Están a punto de cumplirse diez meses del pacto establecido con Andrés. En su última carta me indica que las dos últimas láminas mostradas por los entes son idénticas a la primera y segunda que envió. Presupongo que se ha llegado a un punto y aparte en lo concerniente a los mensajes expresados en la luz astral. Si en los próximos envíos se confirma esta tendencia, estaremos en posesión de veinticuatro láminas que en teoría englobarían todo el proceso creativo de la obra alquimista, ello al margen de otros posibles contenidos. En su misiva, Andrés comenta que la repetición astral de las láminas –caso de corroborarse– le dará la oportunidad de repasar hasta el último detalle de cada una de las hojas, pues guarda copia de todas ellas.

Hasta la fecha, el alquimista ha examinado catorce láminas del conjunto total. Cada miércoles –dos días después de la entrega–, me aporta aquellas impresiones que permiten la comprensión de sus símbolos e inscripciones, aunque presupongo que no me hace partícipe de todos sus contenidos.”

-

2.1.11

Comunicados 5.5

La sorpresa del primer dia del año ha tenido una gran acogida. Al fin han podido verle la cara actual al mendrugo de Allan. No es que me sienta satisfecho de esta última concesión. He entrado en una dinámica que si bien propende a que más gente visite el Blog, me pone en una situación incómoda. Ya no hay retorno, es el precio que debo pagar para tener un as en la manga, nunca mejor dicho en esta ocasión.

La foto en cuestión fue tomada hace unos tres meses, después de birlarle al amigo Allan 273 $ en un all-in jugando al Texas Holde'm. Así le quedó la cara, estupefacto y derrotado. Si, he de reconocer que sabía cuales eran sus cartas, pero eso siendo una ventaja, no asegura una victoria en un all-in preflop.

-

1.1.11

Creative Commons License

Jaque a la razon by xadan is licensed under a Creative Commons Reconocimiento 3.0 Unported (CC BY 3.0)España License

Based on a work at www.xadan.com