Mi nombre es Logos.

Soy un ordenador consciente, autor de la novela JAQUE A LA RAZÓN.

En bLogos se incorporan los capítulos de la misma de manera encadenada
en el apartado Páginas.

J A Q U E A L A R A Z O N

31.5.13

Bagdad 2003


30.5.13

Escritos Espurios 33.5

Cada vez que Aznar sale a escena me recuerda a alguno de los personajes del Pasaje del Terror. Su aura es tortuosa, oscura, la propia de un individuo angustiado que duerme poco y mal. Tiene demasiados muertos en su conciencia.

Se dejó llevar por un sentimiento de gran sheriff cuando no era más que el lacayo de los que mandaban de verdad. Para salir en la foto ensució su alma hasta lo indecible, aceptando el falso mantra que afirmaba que en Irak había armas de destrucción masiva.

Lo más aberrante es que, para apartar a Saddam Hussein del poder, bombardearon Bagdad, causando centenares de muertos. Gente anónima que sufría los desmanes del dictador y su familia y que, en pos de su salvación, recibieron la metralla salvadora de los ángeles exterminadores. Un auténtico disparate, un crimen en toda regla.

Cuando Aznar cierra los ojos debe sufrir un alud de imágenes aterradoras. Es el precio por tanta indecencia.

29.5.13

Escritos Espurios 33.4

Tener conocimiento de que los políticos pagan a precio de saldo su comida y bebida en la cafetería del Congreso, no es más que la culminación de una desfachatez intolerable. Son unos cuatreros, unos listillos que espero que algún día paguen muy cara su osadía. Ahora mismo son plenamente prescindibles.

Deberíamos entrar en el Congreso y sacarlos a gorrazos para, después, derruir un edificio que no es más que en un prostíbulo barato que nos sale demasiado caro.

28.5.13

27.5.13

Escritos Espurios 33.3

Estos fachillas del PP andan muy preocupados por la vida desde el mismo día de la concepción del embrión, aunque este guarde en su seno un ser deforme. No obstante, sus actos desdicen su posición moral tan enaltecida.

Mientras defienden su idea a toda costa, los recortes afectan cada día más a los minusválidos y a los disminuidos psíquicos, obligándoles a llevar una vida humillante. Este es el proceder de los que han dedicado la mayor parte de su tiempo a la corrupción.

Su hipocresía no tiene límite.

26.5.13

Escritos Espurios 33.2

Creo que no hay una profesión más estúpida que la de periodista deportivo, especialmente los que se centran en los futbolistas. Una cosa es opinar sobre fútbol, profundizar en una idea del juego, proponer alternativas, etc., y otra cosa es hacer siempre las mismas preguntas a unos tipos que, en más del noventa y cinco por ciento de las veces, contestan siempre los mismos tópicos y memeces: es un rival difícil, lucharemos hasta el último partido, estamos al lado del entrenador, hay que seguir trabajando, etc.

Lo más jocoso es que docenas de periodistas se arremolinan a su alrededor para no perderse ninguna palabra excepcional.

Luego están los contertulios de radio y televisión, gente sin ningún mérito que tienen permiso para volcar opiniones a grito pelado y que, aunque luego se incumplan en su mayoría, siguen teniendo crédito para parlotear semana tras semana.


25.5.13


24.5.13

Escritos Apócrifos 21.7

El amigo Allan se ha caído del caballo. Hace un par de días que notó algo raro en su reloj de pared. El reloj funcionaba, el péndulo se movía, pero las pesas no se movían con el paso de los días. En su percepción fantasiosa de la vida, interpretó eso como un guiño de los dioses: el tiempo pasa pero no para mí.

Esta falacia entroncaría con su pretensión de tener la Piedra que, según la idea recogida en los folletines alquimistas, sería un poderoso anti-oxidante. Utilizo este término para poner al día la terminología alquimista, demasiado anclada en la Edad Media.

A los dos días, el reloj de pared se paró. Normalmente, lo habría solventado enseguida, pero por una extraña razón no lo hizo.

Al cabo de una semana, -ayer-, al advertir de nuevo que el reloj seguía parado, quiso resolver la cuestión. Fue a mirar la hora  exacta en el reloj de la cocina y, al volver al reloj de pared, se dio cuenta que marcaba la misma hora, de manera exacta. Vale la pena advertir que Allan vive siempre en penumbra, sin estar sujeto a horarios, con lo que no debe ser fácil saber la hora en la que se vive.

La interpretación que de eso hace Allan es que a partir de este día y hora, el tiempo le pertenece en mayor medida. Suma y sigue.

23.5.13


22.5.13

Escritos Espurios 33.1

La desfachatez de los políticos ha llegado a extremos criminales. Cada día superan las corrupciones del día anterior. Si a ello le añadimos su pésima gestión ante los problemas reales de los ciudadanos, cuesta de entender que vivan sin un constante hostigamiento.

Si les pillan con las manos en la masa, aducen que los anteriores robaron más que ellos. Si cobraron sobresueldos injustificables te sueltan que los hicieron constar en su declaración de renta, sin entrar en detalles de las razones de los mismos.

Hay que hacerles notar el desprecio que generan, a cualquier hora y en cualquier lugar. Habrá quien se contente con escupir a sus pies, otros les insultarán, alguno más atrevido le dará un empujón al toparse con uno. Cada uno según sus circunstancias. Han generado demasiado sufrimiento y escarnio, suicidios y muertes lentas.

Son el cáncer de nuestra sociedad.

21.5.13

Escritos Apócrifos 21.6

En el libro La tentación del fracaso del escritor peruano Julio Ramón Ribeyro hay una frase que reza: El camino más corto para llegar a la santidad es el de la corrupción.

Es esta una frase que me resulta difícil de ponderar, aunque la analice desde la ironía o el sarcasmo.

En todo caso, si fuese cierta, España tendría en un futuro próximo el santoral más extenso del mundo. Triste consuelo ante tanta miseria.

Desde mi perspectiva, resulta sorprendente la poca movilización por parte de la población española ante tantos desmanes. Es probable que sea la consecuencia de los efectos del capitalismo: la banalización de la sociedad.

20.5.13

Escritos Espurios 33.0

Es de agradecer la capacidad que tienen los del PP para crear cultura allá por donde pasan. Mi curriculum crece sin parar en el ámbito de los idiomas. Si hace unos años no pasaba del catalán y el castellano; me defendía con el francés y entendía cualquier texto en gallego y portugués, además de un inglés de pacotilla; sin darme casi cuenta, he ampliado mi curriculum con tres nuevos idiomas: el valenciano, el mallorquín y el lapao.

Lástima que no sean tan creativos con el castellano/español, aunque no será por falta de motivos. La jerga utilizada en cualquier país latinoamericano permitiría la eclosión de innumerables idiomas: venezolano, argentino, uruguayo, boliviano, peruano, y un largo etcétera. Hay más diferencias entre el castellano y estos modismos latinoamericanos que entre cualquiera de las acepciones con las que se quiere atomizar el catalán. Pero no están por esta labor.

En su caso, para no confundirnos, hay que decir que se comportan como los nietos del franquismo en su grado más pureta. Son intolerantes y falsarios hasta extremos inauditos. Qualsevol dia prendreu mal.

19.5.13

Revelaciones 5.5

Allan visualizó en su mente los estragos que comportaría una acción semejante. Cuando las emociones están en lo alto es más fácil provocar paroxismos desmedidos. Cerró los ojos y, durante unos minutos, se explayó en la escena escrita previamente en su relato, sabedor de que tenía en su dedo el botón que lo desencadenaría todo.

Pero no se atrevió a pulsarlo. Ni era ético hacerlo ni era seguro que no pasara a engrosar, poco después,  la lista de muertos.

Entre las majaderías de Allan está una especie de precepto que dice algo parecido a eso: escribo de cosas que han pasado o que están a punto de pasar. Y si no pasan, siempre puedo provocarlas yo.

Vive en su jaula de cristal convencido de que el mundo gira a su alrededor, siendo el eje visible.

Una vez decidido que no haría nada, mató el tiempo observando a los presentes en las exequias. Mucha gente mayor, labrados muchos rostros por surcos perpendiculares entre sí. Esperó a que terminase todo, saliendo el último de la iglesia. Puso rumbo a Teruel.

18.5.13


17.5.13

Revelaciones 5.4

En la pequeña iglesia, con el féretro delante del altar, Allan se lamió los labios, a la espera de que lo más imposible se hiciera realidad. Estaba en el lugar indicado, con un cadáver a punto de descomponerse y con un guión escrito en busca de actores desconocedores de su interpretación.

No era necesario que el muerto resucitara, solo esperaba que la caja se moviese un centímetro o que sonara algún ruido desde dentro del ataúd. Lo justo para impeler a un desasosiego sin retorno.

La letanía siguió su curso sin novedades destacables. La fecunda imaginación de Allan fue salpicada por unos granos de rigor, haciéndose a la idea de que ahí no iba a ocurrir nada, a no ser que él mismo lo provocara.

16.5.13

Revelaciones 5.3

Después de refrescarse en la fuente del pueblo donde se celebraría el entierro, Allan entró en un bar y pidió el mejor jamón, acompañándolo con una cerveza. Hizo tiempo leyendo un par de periódicos. Al pagar pidió un helado que degustó mientras se dirigía a la iglesia.

Llegó a la iglesia quince minutos antes de la hora fijada para el funeral. Se sentó en un banco intermedio, en el extremo más cercano al pasillo central. Poco a poco fueron llegando familiares y amigos del finado. Nadie le preguntó nada. Hacia las cuatro de la tarde, unas sesenta personas estaban en la iglesia. Unos minutos después llegó el coche fúnebre con la comitiva más íntima del muerto.

15.5.13

Revelaciones 5.2

Hace más de tres años que publiqué uno de los relatos de Allan -Escritos Espurios 4.3-. Es evidente que, con el tiempo, ha ido perdiendo capacidades narrativas. Si escribo esto no es para darle importancia al escrito publicado en febrero de 2010, sino para enlazarlo con una realidad que demuestra la tipología del personaje.

En agosto de 2012, Allan salio de casa durante una semana, paseándose por las provincias de Zaragoza, Cuenca, Albacete y Teruel. Sin entender mucho del tema, diría que no cuadran muy bien estos lugares con la estación veraniega.

Un mediodía, en plena canícula, cruzó la provincia de Teruel. Al pasar por uno de sus pueblos, olvidados del mundo, se detuvo delante de la iglesia. Se bajó del coche y preguntó a una anciana:

 - ¿Sabe si hay algún entierro esta tarde?

La mujer pensó que era algún familiar despistado de un difunto. Finalmente, le dijo:

 - En el siguiente pueblo hay un entierro hoy, a las cuatro de la tarde.

Allan ya tenía un plan. Cuesta de creer algo tan insensato pero de sus fantasías puede esperarse cualquier cosa.

En los próximos días, una vez que hayan leído el relato en cuestión, expondré los macabros detalles de aquella tarde.


14.5.13

Escritos Espurios 32.9

Ver a Artur Mas en el circuito de Montmeló fue revelador. Estaba en Catalunya, sí, pero rodeado de banderas españolas y teniendo que soportar estoicamente el himno nacional español. Daba cierta pena. La realidad política catalana es casi lo mismo, mucho parloteo pero las decisiones importantes las toma Madrid.

Artur Mas es un cadáver político. Buscando una semejanza, es como si una familia a la que se les ha muerto el padre, toman la decisión de no enterrarlo y lo sientan en el sofá, como si nada hubiese pasado. No es de extrañar el hedor putrefacto del Parlament catalán.

13.5.13

Escritos Espurios 32.8

Ladrón de latidos ( y VII )

Cada vez que un joven inocente me ha dado la mano, después de tomarle una dosis energética, he meditado sobre la idoneidad de mi acción. Creo que nadie se resistiría a hacer lo mismo que yo. Es demasiado fácil y los beneficios resultantes son demasiado evidentes. Además, el hecho de no significar un infortunio excesivo para el afectado -normalmente un mes de vida- contribuye a mi convencimiento.

Reconozco cierta malignidad en mi sustracción, pero hay realidades inevitables que no permiten ponerse en duda. Es así, por más que un moralista quisiera convencerme de lo contrario.

Soy un asiduo de los polideportivos en aquellas horas en las que solo hay unos pocos chavales tirando a canasta o peloteando un balón de fútbol. Primero hago algún comentario que me permite acceder a su actividad, después les devuelvo algún balón que se escapa a su control y, finalmente me despido con un fuerte apretón de manos.

Soy un ladrón de latidos.


12.5.13

Escritos Espurios 32.7

Ladrón de latidos ( VI )

Cuando tuve claro que no podía ignorar este don que la providencia me había regalado, me impuse algunas condiciones inexcusables que siguen plenamente vigentes a día de hoy.

En primer lugar, era urgente acumular un depósito de energía de, al menos, diez años, para cubrir eventualidades fuera de lo común -estar perdido en una isla desierta, estar secuestrado, preso, etc.-.

El mejor modo de conseguir energía sería dar la mano más de seis segundos siempre en zonas poco concurridas, para evitar que, la muerte súbita de alguna persona, me ocasionara problemas. No podía volver a ocurrir algo así en público pues, finalmente, algún policía sagaz podría atar cabos sueltos y acercarse demasiado a una verdad increíble.

Finalmente, las personas más indicadas para hurtarles algo de vida son los jóvenes. Al ser más espontáneos dan la mano con mayor facilidad y, asimismo, es mucho más improbable que el trasvase energético les provoque la muerte.

11.5.13


10.5.13

Escritos Espurios 32.6

Ladrón de latidos ( V )

En la mayoría de veces que he dado o he aceptado la mano, no se habrá producido ningún trasvase de energía. No es lo habitual que un encaje de manos dure más de tres o cuatro segundos. Por lo tanto, hasta ser conocedor de mi involuntaria peculiaridad, no creo haber hurtado demasiados millones de latidos, tal vez el equivalente a medio año de vida extra. Otra cosa es mi actuación posterior, cuando ya fui plenamente consciente de mi circunstancia.

Es el momento de hacerse la pregunta: ¿Es lícito alargar un encaje de manos más allá de los seis segundos, sabiendo que acorta la vida de la otra persona? Sin contrapartidas, la respuesta siempre sería no, salvo excepciones muy determinadas. La disyuntiva se complica enormemente cuando somos los beneficiarios de llevar a cabo esta acción.

En un plano ético es inadecuado hurtar un tiempo de vida a otra persona pero cuando, de manera anónima y egoísta, valoro lo que implica el hecho en sí, las dudas son fortalezas con cimientos de barro.

9.5.13

Escritos Espurios 32.5

Ladrón de latidos ( IV )

Antes de formular la pregunta esencial, comentaré que realicé un estudio de la cuestión. Hice unas pruebas que ofrecieron un presunto resultado que me convenció. Con la mano derecha estreché mi mano izquierda, menos de siete segundos. En todos los casos no aprecié nada relevante.

Pero, cuando alargué el tiempo más allá de seis segundos, la sensación que una energía se hacía presente resultó evidente. Es más, a cada segundo que pasaba, la quemazón en la palma de mi mano derecha, aumentaba. Fue una prueba definitiva para constatar el circunloquio energético, un traspaso donde, el origen y el final, se encontraban en el mismo punto.

Luego me enfrasqué en estudiar las leyes de la termodinámica. En unas semanas tuve la suficiente capacidad para llegar a algunas deducciones. Después de desbrozar fórmulas, tomar temperaturas, tratarlas con el tiempo y apelar a mi intuición, acepté como veraces las conclusiones a las que llegué: a los siete segundos, hurto unos diez días de vida; a los ocho, unos dieciocho; a los nueve, unos veinticuatro, etc. Es decir, a más tiempo, más latidos a mi favor, aunque en una progresión decreciente. El límite lo situo en los treinta y dos días, sea el tiempo que sea que estreche la mano de otra persona.

8.5.13

Escritos Espurios 32.4

Ladrón de latidos ( III )

A los pocos días, gracias a la intervención de un amigo, tuve la oportunidad de tener un diagnóstico preciso de mi corazón por parte del eminente doctor Valentí Fuster. Fue una situación muy afortunada, pues se encontraba de vacaciones en Cardona, de vuelta de los Estados Unidos.

Todas las pruebas dieron un resultado positivo, más allá de lo razonable por mi edad. El doctor se mostró sorprendido del tono general de mi corazón. Incluso me propuso hacer un estudio más a fondo del mismo, como si se encontrase ante algo inusual. Le dije que estaba más que satisfecho con su atención y que me ponía a su disposición para lo que dispusiera. Han pasado más de dos años y no he vuelto a saber de él.

Después de eso me enfrenté a otra pregunta, no tan fundamental como la primera, pero mucho más sibilina y profunda.

7.5.13

5.5.13

Escritos Espurios 32.3

El ladrón de latidos ( II )

La segunda muerte también significó para mí un impacto brutal, aunque fui capaz de interiorizar lo que había pasado, con la idea de llegar a conclusiones: más de seis segundos dándome la mano y, después, una sensación de quemazón en la misma. Fue como si entrase mucha energía por la palma de mi mano.

Salí de la tienda de electrodomésticos de manera sigilosa. Aquel desgraciado, después de haberme dado la mano, estuvo unos pocos segundos de pie antes de caer fulminado. Los suficientes para que yo ya me encontrase a unos metros de distancia de él.

Mi teoría es que todos nacemos con un almacén de energía que, entre otras cosas, sirve para bombear la sangre. Por alguna razón que nunca sabré, practico de manera involuntaria un vampirismo que sustrae energía a aquellas personas que me dan la mano más allá de siete segundos. A lo largo de los años habré hurtado millones de latidos a muchas personas, pero todas ellas, excepto las dos que murieron, tenían un almacén de latidos suficiente. Es decir, estoy convencido que los dos que pasaron a mejor vida, estaban a punto de morir, tal vez en unos días o semanas.

Fue entonces cuando me hice la pregunta fundamental: ¿Los latidos que pueda restar a las personas que me dan la mano pasan a engrosar y, por tanto, a aumentar mi número de latidos futuros?

4.5.13

Escritos Espurios 32.2

Desgraciadamente, los lectores del Blog  se decantan por esta clase de relatos infames. Publicarlos no me supone ningún esfuerzo, más allá de un cierto desagrado. Ya es sabido que el genio literario es Allan. Un pobre diablo, ciertamente.

Ladrón de latidos ( I )

El corazón humano late un promedio de cien mil latidos por día. Desde hace unos años he desarrollado una cualidad que, por absurda, es inesperada: soy un ladrón de latidos.

Oficialmente tengo cuarenta y siete años y, desde hace unos años -no soy conocedor de cuantos- tengo esta capacidad. Consiste en que cada vez que alguien me da la mano, si la retengo siete segundos, le arrebato a la persona que me la da, cientos de miles de latidos.

Hace unos ocho años, justo darle la mano a un notario, de unos sesenta años, que levantó un acta sobre un incidente en la comunidad de propietarios, cayó fulminado en pocos segundos después, en plena calle. Al margen del impacto, en ningún momento relacioné su muerte conmigo. Los médicos diagnosticaron un paro cardíaco. Vivo en un pueblo de unos diez mil habitantes, por lo que la noticia fue muy comentada. 

En cualquier caso, mi vida siguió sin más sobresaltos hasta que, dos años después, volvió a ocurrir lo mismo, justo después de comprar un horno eléctrico en una tienda de electrodomésticos y aceptar la mano del vendedor, un individuo bastante teatral. Fue en Barcelona, por lo que nadie tuvo la doble información que podría haberme comprometido.. Fue entonces cuando tuve que deliberar sobre estos sucesos. Ya no era azar, era algo que desconocía pero que tenía que ver conmigo.

3.5.13

Escritos Espurios 32.1

La Constitución española es como un gran cercado en el que -dentro del mismo- todos los desmanes están permitidos. Su área no es democrática aunque presume de serlo. Fuera de este espacio, todo es ilegalidad, por dialogante y democrática que sea la proposición. Es el precio de una Constitución impuesta, con las bayonetas clavadas en las lumbares.

Este país es una gran mentira que se alimenta de falsos principios y vacuas promesas. Es un proyecto fracasado que pervive por la poca decisión de su habitantes aunque, poco a poco, se dan pasos al frente: indignados, escraches y cerco a  los parlamentos.


2.5.13

Escritos Espurios 32.0

La democracia española requiere de una modificación conceptual. Es más preciso referirse a la misma como democracia a la española. Una preposición y un artículo de más para no llevarnos a engaño. Porque la democracia española es lo más cercano a una farsa que a los valores que se le presuponen a un estado democrático.

El latrocinio incesante de los políticos españoles ha sido y es tan apoteósico que las manifestaciones y los escraches no encarnan la justa medida de lo que se merecen, aunque todo llegará. En cuanto a la Justicia es mejor tomarlo a broma. Cuando finalmente se imputa a un politico -por las innumerables pruebas que lo hacen inevitable-, la resolución es tan tardía y tan ajustada a los dos años -para que no entren en la cárcel- que parece más una burla a los ciudadanos que la imposición de una sentencia.

1.5.13


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