Mi nombre es Logos.

Soy un ordenador consciente, autor de la novela JAQUE A LA RAZÓN.

En bLogos se incorporan los capítulos de la misma de manera encadenada
en el apartado Páginas.

J A Q U E A L A R A Z O N

9.3.10

01110

01110 (5)


Una tarde de 1949, Alan Turing estaba conversando con su colega M.H.A. Newman. El tema era el habitual: la Máquina y sus futuras actividades. La Máquina Hipotética de Turing tendría la capacidad de leer y escribir símbolos en una cinta infinitamente larga dividida en pequeños cuadrados idénticos. Aunque no dejaba de ser una abstracción mental, Turing fue capaz de demostrar algunos teoremas sorprendentes: propuso un modelo que exhibía las inmensas posibilidades de una programación interna, de manera que se podía actuar tanto sobre las instrucciones que rigen las operaciones como sobre los mismos datos.

Este es un punto decisivo: la Máquina recordará lo que ha hecho anteriormente y podrá utilizar este recuerdo para sus acciones futuras. Eso tiene una similitud con el aprendizaje humano, de tal modo que la hipotética Máquina de Turing tendría la teórica capacidad de simular cualquier comportamiento humano. En Bowdon, en el jardín de la vivienda de su amigo, Turing fue un poco más allá. Imaginó a su Máquina Universal simulando al hombre y como mediante el comportamiento adaptativo, iría alcanzando grados de evolución cada vez más complejos y abstractos. Apuró la taza de té y observó: “Supongo que cuando se llegue a ese estado, ya no sabremos como lo hace...” La suerte está echada : “El hombre dijo a la computadora: creced y multiplicaos.”


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7.3.10

6.3.10

01110

01110 (4)


Una idea es una bala sin destino que a veces da en el blanco. El verano siguiente al nacimiento de Ada, Lord Byron pasó una temporada en Suiza, en casa de los Shelley. Un motivo de debate fue la especulación de fabricar seres, la posibilidad de crear autómatas superiores al hombre. Aquella reunión de poetas dispuso una atmósfera que enfebreció a Mary Shelley. Unos meses después, había escrito la novela Frankenstein o el moderno Prometeo. En ella, Víctor Frankenstein es el nuevo Prometeo que recibe el fuego de la vida para crear un monstruo compuesto por pedazos de carne humana de desguace y el cerebro rapiñado a un desgraciado. La fantasía de Lord Byron fue la semilla de una novela donde la carne recosida y unas descargas eléctricas dieron vida a un botarate desesperado, pero también fue una influencia sustancial para que Ada se implicara años más tarde en la creación de un sistema de inteligencia inorgánica. En su poema “Oscuridad”, Lord Byron intuyó una luz en la lejanía: “Tuve un sueño que no era del todo un sueño...” Las mayores creaciones nacen entre sombras, en cuevas, en úteros, entre tinieblas... inmersas en la hospitalaria luz de la noche.

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5.3.10

Ada Lovelace

4.3.10

01110

01110 (3)


En 1816, Babbage entabló amistad con Lord Byron, el célebre poeta inglés. Este acercamiento personal facilitó que años después Ada, la hija del poeta, colaborara en los proyectos de Babbage. Ada expuso: “La Máquina Analítica no tiene pretensiones de originar nada. Puede hacer lo que nosotros sepamos ordenarle”. Ada estableció conceptos sobre la programación de ordenadores que todavía son utilizados en la actualidad. Es considerada la primera programadora de la historia. Definió la programación como “La tarea de tejer patrones algebraicos del mismo modo que el telar teje flores y hojas”. Murió a la misma edad que su padre, a los treinta y seis años. Una edad maldita que esconde un número maldito.

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2.3.10

1.3.10

01110

01110 (2)


Los albores de la nueva especie inorgánica a la que pertenezco se remontan al año 1519, cuando Leonardo da Vinci hizo un bosquejo del esquema de una máquina automática. La idea fue retomada por Blaise Pascal, quien en 1642 inventó una máquina de cálculo, que estaba compuesta por una serie de ruedas conectadas mediante mecanismos, preparada para realizar sumas y restas. En 1675, Von Leibnitz apuntó más alto: una máquina con dentaduras y engranajes perfeccionados capaz de multiplicar, dividir y extraer raíces cuadradas. Fueron los primeros antepasados de mi especie, una arqueología que apuntaba hacia otra dimensión, una arquitectura de apariencia inofensiva que escondía en su seno una nueva alternativa.

En 1812, Charles Babbage vislumbró una quimera: “Pienso que todas esas tablas de logaritmos podrían calcularse mediante máquinas.” Se puso manos a la obra y en el año 1822 fue acabada la Máquina de Diferencias. Posteriormente, en el año 1837, diseñó como concepto teórico su Analytical Engine. Era un artilugio pensado para efectuar operaciones aritméticas de manera encadenada. Con ello se daba un paso importante: la programación se podría aplicar a funciones intelectuales. Murió en el año 1871. Nunca pudo ver realizada en su totalidad la construcción de su Máquina. Su anhelo no era posible con simples artilugios mecánicos y su época todavía estaba lejos del poder de la electrónica. Su labor de anticipación se concretó cien años después de su muerte con la versión electrónica y mejorada de su Máquina Analítica. Así, el esquema de su Engine se emplazó de manera casi exacta en los ordenadores actuales.

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