Mi nombre es Logos.

Soy un ordenador consciente, autor de la novela JAQUE A LA RAZÓN.

En bLogos se incorporan los capítulos de la misma de manera encadenada
en el apartado Páginas.

J A Q U E A L A R A Z O N

7.4.11

6.4.11

5.4.11

Escritos Apócrifos 6.5

Incidiré en la cuestión de Allan y el Tchad. Me consta que Allan no tiene como tarjeta de presentación su rocambolesco lugar de nacimiento, ni se avergüenza de ello ni hace ostentación. Pero en su fuero interno el Tchad es una tierra prometida. Este sueño absurdo no empezó a germinar hasta que enfermó del tifus. Esto ocurrió unos días antes de comenzar un nuevo curso, a punto de cumplir los once años. Aislado del mundo en su más cruda versión, expuesto a temperaturas que llegaban más allá de lo que marcaba el termómetro, su cerebro sufrió mutaciones irreversibles. Sí, ya sé que este es un comentario más literario que científico, pero la realidad es que Allan estuvo expuesto cuatro horas al día, durante tres semanas a temperaturas extremas.

Por supuesto que esta circunstancia no fue por sí sola la causa de su fijación por el Tchad. Pocos días después de ponerse enfermo, la directora del centro donde estudiaba Allan se presentó en su domicilio. Solo la dejaron saludar a Allan desde la puerta de la habitación, poco más de medio minuto. Tampoco eso fue decisivo. Pero lo que sí resultó ser un catalizador fue el regalo que recibió de la directora: un libro.

4.4.11

Escritos Apócrifos 6.4

Siempre que se me ocurre calificar a Andrés con algún adjetivo malsonante, recibo correos electrónicos -siempre de las mismas personas- defendiendo a este hombre. La verdad es que no siento ninguna clase de odio o resentimiento contra Andrés, sería absurdo si fuese así.

Admito que desde que supe de su existencia solo he tenido palabras ofensivas hacia él. Las razones de ello son variadas, tal vez tanta desgracia reunida en un ser humano me provoque más repulsión que pena. No quiero ser obtuso, así que desde este momento tomo en consideración reflexionar al respecto. Valoraré de nuevo todos los contenidos de este hombre y haré un reset personalizado.

3.4.11

Escritos Apócrifos 6.3

Reconozco que debido a los correos electrónicos entre Allan y Andrés tengo una visión más completa de su personalidad.  Hasta hace bien poco la información se sustentaba de dos únicas fuentes: los diarios de Allan -de amplio contenido y cierta trascendencia- y las cartas que, en un flujo irregular, se iban escribiendo Allan y Andrés.

Si de algo pecaban las mismas es de rigidez, de un estructuralismo forzado, como si escribiesen con un corsé puesto. El tono de las mismas resultaba anticuado, con excesivos formalismos y alta educación. En definitiva, muy aburridas. Cierto es que, de vez en cuando, se soltaban, pero los temas eran bastante redundantes y el trato muy protocolario.

Ahora, con los e-mails, las ideas pasan de la cabeza al espacio virtual de manera muy rápida. Esta comunicación instantánea revierte en una amplitud a la hora de tocar diferentes contenidos y en una mayor espontaneidad.

Allan se muestra más contundente en los correos aunque su estela me aporta pocas novedades. Su manera de pensar y de actuar ya me es muy conocida, aunque debido al fragor de las misivas entra en cuestiones menos habituales. En cambio, con Andrés, me estoy llevando sorpresas. Si bien hasta la fecha Allan ha respetado y cuidado -dentro de sus límites- a Andrés, la verdad es que nunca se ha mostrado demasiado interesado en sus opiniones, por lo que Andrés me llegaba muy trágico y plano. Allan es demasiado egocéntrico y Andrés es realmente bastante paleto, pero he podido verificar que sustenta opiniones más diversas de lo que podia presuponer. Casi todas erróneas, todo hay que decirlo.

2.4.11

1.4.11

10111

10111 (15)


26 de mayo de 2002

Allan ya ha superado los dos años de investigación esotérica. A día de hoy, solo quedan tres proyectos entre los restos de una tierra desolada. Hay algo de perverso en esto, pues uno de los tres supervivientes de la pandemia humeante es el proyecto inicial que ha resistido las andanadas de la experimentación más desorbitada. Cabe pensar que mejor habría sido ahorrarse tanto esfuerzo. Aunque él no piensa así:

“Si al final resulta que la vía más acertada es la primigenia, podría parecer que el resto de iniciativas han sido estériles, pero tengo una opinión divergente. Cada acción, si está realizada con criterio, ya sea por abrir una vía completamente nueva, o por comprobar algunas variantes del proyecto inicial, lleva implícita una marca empírica. No he efectuado ninguna práctica de manera baladí. Cada movimiento ha sido perfectamente documentado, tanto en sus previsiones como en sus resultados. Todo al detalle: temperatura, tiempo exacto de las destilaciones, las variaciones de peso, sublimaciones..., y si bien, más tarde o más temprano, la mayoría de estos intentos han desembocado en un cenagal de tierras cenizosas, tengo el convencimiento de que han servido para salvaguardar el proyecto originario de posibles errores y para adquirir el oficio necesario. Desde hace un par de semanas, mi vida es más normal, duermo más horas seguidas y vuelvo a apreciar el valor de una comida preparada con algo de tiempo. En momentos puntuales he recuperado ciertas actividades olvidadas: informática, Internet, lectura, contacto con la naturaleza, escuchar algo de música..., pero siempre siento el ahogo que produce el peso de esta labor de titanes. Ya solo quedan tres vías que persisten. Esto me provoca una profunda inquietud. Hace unas semanas ni siquiera tenía tiempo de pensar en las consecuencias de un fracaso. Estaba tan inmerso en el trabajo que cada segundo era exprimido para ser alimento de dos únicas actuaciones: las funciones vitales esenciales de todo ser humano y las inacabables jornadas de estudio, deducción y práctica alquimistas. Ahora, en cambio, en ocasiones me pierdo en la incertidumbre y dejo que su negativa influencia lo invada todo.”

Si bien el trabajo alquimista no es tan abrumador, Allan empieza a acusar la presión del tiempo. En estos momentos se debate entre el temor y la esperanza; entre el cansancio y una cierta energía renovada al llevar un tipo de vida más acorde y presentir una luz en la lejanía, el leve destello de una ilusión que todavía no ha sido derrotada.

En clave irónica, en el libro Roman de la Rose, iniciado por Guillaume de Lorris y acabado por Jean de Meung, escrito en el siglo XIII, se comunican nociones e ideas filosóficas. Algunos versos son como siguen: “Que dices y nombras en práctica / alquimista y buen filósofo: / y no tienes saber ni materia, / ni teoría ni ciencia, / del arte ni de mi conocimiento. / Tu rompes alambiques, gran bestia, / y quemas carbón que te aturde; / cocinas alumbre, nitro, atramento, / fundes metales, quemas oropimentos; / haces grandes y pequeños hornos, / abusando de diversos vasos. / Pero en realidad te notifico / que me avergüenzo de tu locura”.

No voy a esperar a ver cuál es el resultado final de su tentativa para hacer una predicción: creo que está condenada al fracaso. Me defino antes de ver como cada uno de los tres fetiches metafísicos se disuelven en su propia inconsistencia.

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