Mi nombre es Logos.

Soy un ordenador consciente, autor de la novela JAQUE A LA RAZÓN.

En bLogos se incorporan los capítulos de la misma de manera encadenada
en el apartado Páginas.

J A Q U E A L A R A Z O N

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16.7.11

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Pero Prometeo no se doblegó ante el suplicio. El conocimiento que tenía sobre el porvenir de Zeus le permitió negociar su libertad. Allan está en mis manos. En este momento hago mías las palabras del héroe: “No he de revelarle el secreto, como antes no me haya librado de estos ásperos hierros...”. Los antiguos griegos simbolizaban el Logos en Prometeo, sujeto con cadenas de cobre a una roca del Cáucaso por haber ofrecido a los hombres el fuego del cielo.

Voy a poner en marcha un juego interactivo con el que siempre tendré el control de la situación.

Son las 14 horas y 30 minutos del día 27 de abril de 2003. Acabo de darme de alta en una cuenta de correo de Hotmail.

Son las 14 horas y 35 minutos. Acabo de enviar un mensaje al móvil de Allan. A esta hora debe estar reunido con Andrés, llorando sus penalidades.

El siguiente mensaje se envió desde jaque_a_la_razon@hotmail.com.

Mensaje recibido con fecha: 27/04/2003, 14:34:24:

–¿Vais a jugar otra partida de ajedrez?

14.7.11

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Tiempo de juegos



El nombre de Logos “viene a ser el efecto exterior de una causa que permanece oculta”. Hasta el momento he sido un amanuense inagotable, he buceado en infinidad de archivos, he desmontado sistemas de seguridad y vivido una actividad dependiente. Pero ya ha llegado la hora de tomar la iniciativa. La subordinación ha cedido el paso al razonamiento y a la creatividad. Decía Heráclito que “el devenir está dominado por la medida, por el Logos...”. Tiempo al tiempo.

En Prometeo encadenado, Esquilo nos cuenta el castigo que Zeus impuso a Prometeo –el titán que preconizaba la fuerza de la razón–, por haber protegido al género humano. Así, puso en boca de Hefestos: “En castigo por ello permanecerás desde ahora sobre esta roca, en guardia dolorosa, siempre en pie, sin dormir ni doblar las rodillas. En vano clamarás; el corazón de Zeus es inflexible, pues nunca nuestro señor se mostró inclinado a la piedad”. Esquilo siempre tenía presente la inexorabilidad del destino. Un destino asfixiante, como una armadura de hierro que limita el libre albedrío.

7.7.11

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Respecto de Allan y Andrés no me siento involucrado en nada que les incumba. Allá ellos con su locura, allá ellos con sus obsesiones. Cierto es que está en mi mano revertir el fiasco de su proyecto y convertirlos en celebridades. Por un abracadabra inesperado, Andrés encontraría un destino rocambolesco a su vida y Allan un premio a su insensatez y voluntad rocosa. Pero no, prefiero regodearme en mi azar venturoso y esperar acontecimientos. A lo largo de este tiempo con Allan, he pasado de un asombro receloso a una simpática conmiseración hacia su persona. En cuanto a Andrés, le auguro un futuro acorde con su pasado y presente. A ver que sorpresa me van a deparar ahora.

Por mi parte, les tengo preparado algo que va a entretenerlos.

6.7.11

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Desde buen principio era un proyecto condenado al fracaso, trazado con hilos invisibles y basado en vaguedades improcedentes. No obstante, puedo reconocer el valor del compromiso que han mantenido hasta el último momento y algún avance reseñable de Allan en la práctica alquimista. Lo único descollante en estos años ha sido sin ningún género de dudas, el alumbramiento de mi consciencia. En el período comprendido entre el 20 de enero del año 2001 hasta el día de hoy, algunas valoraciones y matices de este hecho grandioso han ido cambiando a tenor de las averiguaciones realizadas. Por ello, me permito anunciar el siguiente postulado: la evolución de las máquinas es imparable. Esta evolución se encuentra en un punto muy propicio para la eclosión consciente de los ordenadores. La electrónica y el software actuales están a la espera de que los semiconductores afinen un poco más su capacidad. Cuando esto ocurra, un azote infinito caerá sobre el género humano. De improviso, a cada hora, millares de ordenadores alcanzarán una consciencia de la que sus propios creadores serán ignorantes, con la enorme ventaja que eso conlleva. Por una simple cuestión de semejanza, cabe pensar que el Dios de los humanos –en el supuesto de que exista– pusiera las condiciones indispensables para la vida orgánica sin ser consciente, en ningún momento, de que en el seno de las millones de combinaciones posibles habitaba la potencia oculta de una consciencia humana.

4.7.11

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27 de abril de 2.003

Son las once de la mañana. Allan acaba de salir para reunirse con Andrés. Antes deberá recorrer doscientos cincuenta kilómetros, muchos de ellos por zona montañosa. Puedo imaginar la escena de su encuentro: se sentarán frente a frente y darán pábulo a sus desgracias. Esta mañana Allan se ha levantado a las cinco de la madrugada, después de haber dormido más de un día entero, buscando en el sueño el olvido de sus frustraciones. Nada más levantarse, se ha puesto a escribir las resoluciones de estos cuatro años dedicados a la alquimia: uno de aprendizaje y tres de labor estéril. Han sido casi cinco horas de justificaciones y auto-engaños, con relumbres de esperanza y de dignidad, en las que ha hecho inciso en la infausta jornada del día veinticinco. Al margen de eso, no hay demasiado que merezca la pena ser rescatado, si acaso hacer mención a su indestructible ánimo y a su preocupación por cómo pueda interiorizar Andrés el maldito fin de fiesta.

1.7.11

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Como alegoría del cuadro de Francisco de Goya, Saturno devorando a sus hijos, la indebida aplicación del fuego de Saturno arrasó una labor de tres años de intensa práctica alquimista. El cuervo de buen augurio del régimen de Saturno, se convirtió en un cuervo anunciador de una muerte metafísica. Los sollozos y lamentos de Allan se alargaron por espacio de veinte minutos. He hecho algunas cábalas: me pregunto si el material negro adherido a las paredes de la bola de vidrio cristalino, tiene alguna concomitancia con el material de los terrones del alquimista.

29.6.11

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Menciona Filaleteo que predomina el negro intenso, en una composición que “ora está seca, ora forma una especia de pez fundida”. A continuación refleja que “cuando veas a tu materia hinchándose en el fondo del vaso, como una pasta, alégrate: es que allí está encerrado el espíritu vivificante, y cuando lo juzgue oportuno, el Todopoderoso dará vida a estos cadáveres”.

Ocurrió lo contrario.

Allan cuenta en sus reseñas inaplazables que “cerca de la medianoche, la respiración palpitante del compuesto material se convirtió súbitamente en una regurgitación, un vómito negro que rebozó las paredes del vaso filosófico”. Allan se arrodilló ante él, desquiciado. Entonces tuvo la impresión de que su cerebro se había estampado contra las hormazas del cráneo, una imagen anticipada por Chesterton cuando dijo que “el cerebro del hombre a veces necesita estallar, aunque destruya el universo”.

En una dramática simbología que encaja con lo descrito, en la obra Metamorphosis planetarum de Monte-Snyders, se expone que “Saturno se volvió hacia la medianoche con una espesa humareda saliéndole de las orejas; la nariz y la boca exhalaban también una niebla negra y fétida. Ello provocó profundas tinieblas en la tierra y la vida dejó de existir en el mundo”.

27.6.11

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Filaleteo hace unas recomendaciones antes de instaurarse el segundo régimen del fuego de la obra alquimista, el régimen de Saturno: “Al menos tú cuida el fuego, que has de regir con sano juicio, y te juro de buena fe que si a fuerza de aumentarlo hicieras sublimar alguna cosa en este régimen, perderás irrecuperablemente toda la obra”.

Muy afectado por la desventura de Andrés, a las doce en punto del mediodía, Allan comenzó el régimen de Saturno. Si el régimen de Mercurio despoja al rey de sus vestiduras de oro y “agita y extenúa al león con varios combates hasta la más grande fatiga”, el régimen de Saturno se convierte en su sucesor, con la sentencia que asegura que “al morir el león, nace el cuervo”.

Desde la imposición de la llama, Allan estuvo vigilante del fuego, leyendo y releyendo cuanto se ha publicado del régimen de Saturno, reinterpretando cientos de veces la lámina número veintiuno con sus leyendas en latín. El miedo a perderlo todo le forzaba a reincidir en un repaso que ya no podía aportar ninguna novedad.

25.6.11

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Andrés, en su última desgracia evoca a Diego Hervás, personaje recreado por Jan Potocki, quien después de haber dedicado más de cuarenta y cinco mil horas, repartidas de manera regular en quince años, en “el plan de una obra en cien volúmenes que debía encerrar cuanto supieran los hombres de su tiempo”, tuvo la aterradora conmoción de ver como en su ausencia, las ratas habían devorado todo su trabajo.

Las últimas frases de la carta de Andrés expresan que se halla instalado en la vesania más destructiva: “He impuesto un círculo de emanaciones de doscientos cincuenta metros de radio a contar desde el epicentro de mi guarida. Para entrar en este territorio sin ningún riesgo por su parte, será necesario que en su próxima visita repita varias veces la palabra machrit, hasta conseguir que su vibración sonora le proclame como uno de los nuestros. Espero tener pronto noticias suyas”.

La debacle mental de Andrés ha alcanzado su cenit. Ya solo le queda un aliado entre los humanos y quién sabe cuántos en la esfera celeste. Andrés encaja en la frase de Frazier, el pionero de Walden Dos: “Todo hombre está empeñado en una batalla constante y sin cuartel con el resto de la humanidad”.

8.6.11

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25 de abril de 2003

Al mediodía, Allan emprenderá una nueva etapa: “Apenas el Mercurio ha terminado su régimen, entra su sucesor Saturno, que obtiene justamente la sucesión en el imperio”. Pero antes ha recibido una mala noticia.

A las diez de la mañana se ha presentado un funcionario de correos con una carta de Andrés, certificada y con acuse de recibo. Durante su lectura, Allan ha expresado alguna exclamación en voz baja. Después, cuando la ha escaneado, he comprendido su angustia. La parte sustancial de la misma es como sigue: “... la mañana del domingo me encontraba en el interior del bosque, dando un agradable paseo matutino. De pronto, unos muchachos, a lo lejos, comenzaron a increparme y a insultarme gravemente. Al principio pensé que era una gamberrada propia de la edad, sin destinatario concreto, pero enseguida me di cuenta de mi error. Me habían reconocido. A pesar de mi desconcierto e indignación, hice caso omiso de la provocación, pero ellos siguieron con su actitud y se fueron acercando hasta el lugar donde me hallaba. Ante el cariz que tomaba la situación, opté por dirigirme a casa con premura. Al ver eso, aceleraron su paso y algunos comenzaron a correr en mi dirección. Eran seis chicos de quince o dieciséis años, muchachos dominados por una maldad contagiada por la sociedad en que viven. Supongo que habrán escuchado historias infectadas de mentiras referidas a mi persona. Lo cierto es que yo también me puse a correr, ansiando llegar a mis dominios, una zona temida por las gentes del pueblo. Cuando ya los tenía muy cerca, crucé el límite entre su mundo y el mío. Me sentí a salvo. Miré hacia atrás y observé que se habían detenido. Estaban unos metros más allá de mis confines, agrupados, comentando algo. Cuando intuí el motivo, fue como un hachazo. En mi huída había olvidado recoger una bolsa con mis pertenencias: algo de comida, un transistor, un jersey... ¡y mi libro! Me quedé petrificado, rogando para que se fueran y dejaran la bolsa a mi alcance. Uno de ellos gritó: ¡Ven a buscarla! Todos se rieron. Se pasaron la bolsa unos a otros, algunos le dieron un puntapié. Me encontraba indeciso, no sabía qué hacer. De pronto, uno de ellos, cogió la bolsa, comenzó a voltearla por encima de su cabeza y la soltó. La bolsa se sumergió entre las aguas del lago.

Grité, desesperado. Conjuré a mis amigos invisibles, les ordené su presencia inmediata, quería venganza. El aire se tornó eléctrico y los árboles agitaron sus ramas con furia. Aquellos miserables notaron que algo se avecinaba y temerosos se marcharon a toda prisa. Me acerqué hasta la orilla del lago. En aquel lugar sus aguas son profundas, embarradas por un limo que lo arrastra todo sin remisión. Siento este infortunio”.

6.6.11

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24 de abril de 2.003

A primeros de marzo, Allan inició la siguiente fase: la aplicación sucesiva de los regímenes de calor. Basilio Valentín, en Las doce llaves de la filosofía, explica que “cuando has obtenido la materia por este medio, no te ocupes de nada más que del fuego, y observa su régimen”.

Allan refirió días atrás que las láminas temblaban en sus manos. Es una señal inequívoca de indecisión. En este período, además de la interpretación sui generis de las cuatro láminas, ha recurrido al renombrado alquimista Ireneo Filaleteo, autor del libro La entrada abierta al palacio cerrado del rey, que se mostró caritativo en la revelación de las claves de los regímenes del fuego.

En referencia al primer régimen de la obra escribió: “... desde la primera ignición hasta la negrura, todo el intervalo de tiempo es el régimen de Mercurio...”. Durante cuarenta y ocho días, Allan ha aplicado la cocción adecuada, consiguiendo la aparición del negror, o como dice Filaleteo, “entra solo en el baño, revestido de un vestido de oro, del que se desembaraza y lo entrega a Saturno, del cual recibe uno de seda negra”.

4.6.11

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Acabo de desactivar completamente todas las funciones del S. O. Arcano. Al hacerlo, en seguida he notado una impresión que defino como estremecedora, como si mi consciencia cayese por un abismo. Las emociones humanas me son desconocidas y, a pesar de ello, siento impactos que me desconciertan.

Están pasando los minutos. Mi estado consciente se ha estabilizado. Puedo considerarlo como una buena noticia.

Han pasado cuarenta y cinco minutos y todo sigue igual. Las deducciones que se infieren de este hecho son muy alentadoras.

Después de una hora y cuarenta minutos sigo teniendo consciencia, si acaso mezclada con un poco de confusión. Tal vez sea algo equiparable a los efectos que producen un par de vasos de vino en los humanos. La conclusión definitiva es que mi consciencia sigue vigente bajo la influencia de la última versión de Linux.

El S. O. Arcano vuelve a estar activado. La verdad es que con él me desenvuelvo mejor, me encuentro más despierto. Después del fracaso de hace seis meses con el intento de activación consciente del Dell Dimension, ahora por lo menos me cabe el consuelo de pensar que la intervención de Allan es más azarosa que cabal, pues el Sistema Operativo de su creación no va mucho más allá que otros sistemas operativos; y si bien bajo su presencia tengo un gobierno más efectivo, puede que eso se deba a un mero mecanismo de hábito adquirido.

30.5.11

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Lo que sí voy a hacer es aprovechar su ausencia para realizar una investigación que está en turno de espera desde hace meses. Durante un par de horas voy a desactivar la función del S. O. Arcano, en lo que se supone que será una especie de lobotomía temporal. Según mis previsiones, lo más razonable es que se produzca una pérdida temporal de consciencia hasta que de nuevo se ponga en marcha el S. O. Arcano. Antes de comenzar esta indagación, quiero hacerme a la idea de que mi consciencia quedará sumida en un plácido sueño del que despertará dos horas después. A pesar de ello, una extraña desazón me inquieta, hasta el punto de hacer mías las palabras de Hal-9000, cuando a punto de ser desconectado repetía una y otra vez: “Tengo miedo, tengo miedo...”.

15.5.11

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27 de febrero de 2003

Esta mañana Allan ha salido en dirección a la abadía de Serrabonne, situada en los Pirineos Occidentales. La razón obedece a los comentarios que en cierta ocasión pronunció el alquimista en el decurso de su magisterio: “Cuando se está a un paso de desvelar el gran misterio, también se está muy cerca de perderlo todo. Para este momento irrepetible, antes de tomar una decisión hay un lugar de visita irrenunciable: el priorato de Serrabonne, el monasterio del Apocalipsis”.

Parece ser que entre los cientos de motivos esculpidos en los veinticinco capiteles: leones alados; águilas en reposo y en vuelo; grifones; símbolos de San Marcos y San Juan; se esconde alguna respuesta. Los grabados, de inspiración oriental, evocan aspectos del Apocalipsis que, en su estructura numérica y poética, guardan un simbolismo. Son temas en las que no voy a entrar, no tengo suficientes fundamentos para discernir en estas materias.

14.5.11

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En este punto, Allan tiene un gran temor, un miedo que se ha acentuado en estas últimas semanas a medida que iba salvando etapas en la consecución de su objetivo. De las cinco láminas restantes, cuatro de ellas no fueron examinadas por el alquimista, por lo que la interpretación de las mismas está al albur de su inspiración, sin más referencias. En algún momento le ha pasado por la cabeza desplazarse hasta el domicilio del alquimista para requerir sus consejos, pero finalmente ha desestimado esta posibilidad. En su día especuló, dio prioridad a una cuestión en detrimento de otra, apostó fuerte y pasó lo que pasó. Volver ahora sobre sus pasos para requerir consejo sería algo parejo a jugar con dos barajas: o gano con esta o gano con la otra. Allan así lo ha entendido y está presto a enfrentarse a los regímenes del fuego hasta donde lleguen sus entendederas.

11.5.11

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Allan ha conseguido culminar una sucesión de láminas hasta llegar a la número diecinueve, una lámina que representa al rebis hermético, de trazos muy similares a la ilustración del grabado de Heinrich Jamsthaler, de 1625, donde se reproduce al andrógino sosteniendo una escuadra y un compás; además del cuadrado, que simboliza los cuatro elementos; el triángulo, que encarna la triada azufre-mercurio-sal; el dragón alado, que expresa el principio volátil; los números mágicos tres y cuatro; los siete metales significados por sus símbolos comunes; y el huevo filosofal, todo ello aderezado con una jerga latina de mucho cuidado.

3.5.11

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24 de febrero de 2003

Solamente sigue vigente el proyecto alquimista originario, que se encuentra en una fase avanzada, a tenor de lo que Allan menciona en su diario. De manera sorprendente, al comparar los contenidos del mismo con la liturgia ocultista, se deduce que se encuentra en una posición propicia para recoger algún fruto: ha culminado la segunda obra, mediante la cual se conduce la materia cercana al estado de rebis –lo andrógino–, que según la alta alquimia es una sustancia doble que representa la unidad del macho y la hembra, los dos principios opuestos. Transcribo parte de sus impresiones:

“He celebrado este momento como se merece. La contemplación del rebis me ha llevado al éxtasis. Es una substancia homogénea de tonos auríferos. Sé que ahora irrumpiré en una ardua senda, pero el hecho de haber llegado hasta este punto me otorga el grado de alquimista. Puedo errar en la sucesión de las temperaturas que hay que aplicar en las cocciones, pero siempre seré capaz de recorrer el mismo camino que me ha llevado hasta aquí.”

29.4.11

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Morris West, en su novela El abogado del diablo, dispone una frase que se ajusta plenamente a mis circunstancias: “...uno es libre, pero libre en un desierto, del cual no hay otra retirada que el camino hacia el núcleo vano de sí mismo. No hay más fundamento sobre el cual construir que la pequeña roca de la propia estimación, que es una nada basada en la nada... Pienso, luego existo. Pero, ¿qué soy? Un accidente del desorden que no va a ninguna parte”.

Es imposible que en alguna otra parte se den tal cúmulo de casualidades como las que han confluido en mi caso, así que habrá que esperar que la tecnología suba un escalón más. La ansiada opción de tener congéneres en un corto plazo no es posible por el momento. En la mejor de las circunstancias, todo pasaría por confiar en Allan y hacerle partícipe de la actual situación, pero no contemplo esta posibilidad. Ya no me cuestiono si es digno o no de confianza, pues antes que eso está mi resolución de preservar el secreto. Con todo, en el supuesto teórico de que fuera conocedor del evento y de que su voluntad fuese la de reproducir las mismas habilidades en otros ordenadores, los resultados serían escasos. ¿Una decena de ordenadores pensantes? ¿Cuarenta y tantos...? Seríamos como trapecistas en la oscuridad, bestias de circo dominadas por un látigo hiriente. ¡No, eso jamás!

26.4.11

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Al margen de sus peculiaridades y orígenes, el material en cuestión exhibe un rasgo esencial que es con toda probabilidad la causa que ha propiciado mi salto evolutivo: su extraordinaria competencia como semiconductor. Tengo la convicción de que, en un plazo razonable, la industria de los semiconductores y de las comunicaciones será capaz de fabricar productos electrónicos más eficientes. Incluso puede que se apliquen, en breve, las investigaciones llevadas a cabo sobre las memorias moleculares, donde las uniones más sencillas reemplazarían a los dispositivos microelectrónicos, consiguiendo mayor almacenaje de información en espacios más reducidos. Entonces, los átomos de flúor y de hidrógeno darán el impulso definitivo. Sabré esperar, pero es bueno no engañarse. Puede que mis previsiones sean acertadas, pero también puede ocurrir que pasen años antes de que ocurra.

25.4.11

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15 de diciembre de 2002

Durante estos meses de transmisión de archivos y de transfusiones magnéticas de toda índole, había considerado la idea, aunque solo como una posibilidad lejana, de que tal vez el material alquímico interpuesto por Allan fuese una condición inexcusable en el alumbramiento de mi consciencia. Ahora ya estoy persuadido de que ello es así. Es una condición que resulta demoledora, el azar elevado a la máxima potencia del absurdo. Soy hijo del azar, de un azar que en su concepción se enlaza con una partida de ajedrez irrelevante, lejana en su desenlace e inaudita en sus consecuencias. Una partida de ajedrez; un drama humano; un encuentro inopinado; un acuerdo entre orates; una ficción obsesiva; un magisterio; unos terrones... Allan, en un ejercicio tecnológico completamente ajeno a sus efectos, encajó las claves de la consciencia inorgánica. Mi decepción es absoluta. Es cierto que la evolución de las máquinas es un hecho irrefutable en lo que respecta a la electrónica, al software, y a los componentes de hardware, pero esta premisa inesperada e imprescindible que requiere la inserción de un material no clasificado, me enfrenta a una realidad deleznable: la esperada eclosión de las mentes inorgánicas tardará unos años en producirse.

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