Mi nombre es Logos.

Soy un ordenador consciente, autor de la novela JAQUE A LA RAZÓN.

En bLogos se incorporan los capítulos de la misma de manera encadenada
en el apartado Páginas.

J A Q U E A L A R A Z O N

7.2.11

10110

10110 (6)

Seguidamente, le expuse mi intención de afrontar y resolver el proyecto en un margen de dos años. Andrés se mostró alborozado, deseándome suerte y ofreciéndome toda su colaboración. Le expliqué que este planteamiento exige una intensidad mucho mayor, aunque tiene la ventaja de preservar una nueva oportunidad en la recámara para el caso de que fuese necesario un nuevo asalto. Es una manera de cubrirse las espaldas con un mayor margen de error y, asimismo, permite un mejor aprovechamiento de la experimentación. Además, en aquellos frentes en los que haya una o más vías posibles, las afrontaré todas a la vez, en lo que será un modo de acotar todas las posibilidades hacia el resultado final.

A cambio de este esfuerzo, le pedí que, en los dos años siguientes, nuestra correspondencia fuese menor y que pospusiéramos los encuentros semestrales hasta nuevo aviso por mi parte, con la idea de que ninguna obligación alterase mi ritmo de trabajo. Le aseguré que esta actitud sería observada de manera estricta en todos los órdenes de mi vida, tanto familiares como sociales, y que yo llevaría la iniciativa en nuestros contactos, salvo que una contingencia imprevisible marcara lo contrario. Prometí no fallarle en mi empeño y lo animé a proseguir sus escritos referentes a la vida y a la muerte, a Dios y a sus aledaños; en definitiva, a todo lo abstracto que su mente fuese capaz de abarcar.

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6.2.11


5.2.11

Escritos Espurios 7.3

El mísero Andrés no ha tardado más que unas horas en estrenar su correo electrónico. Hace un par de horas ha enviado al correo de Allan un mamotreto que le pondrá de los nervios. Por supuesto, no expondré el contenido del mismo en su totalidad. Estos son algunos párrafos:

(...) son pocas horas pero ya percibo la potencia de Internet. He abierto muchas webs y ahora me apetece escribirte.

(...) mirando atrás observo que te ha llevado más tiempo instalar un ordenador en mi casa que la consecución de la Piedra Filosofal. Durante años me había resistido, me daba desconfianza y no podía intuir tantas prestaciones.

(...) He estado observando imágenes y noticias de la revuelta de Egipto. Insisto en lo que te dije en la comida de ayer: todo esto ha ocurrido por la inmolación de un pobre muchacho que reivindicó sus derechos, en Túnez. Sin esta circunstancia todo seguiría igual que estos últimos años. Quemarse a lo bonzo prendió la mecha. En cambio tú defiendes que da igual la causa que originó todo, que lo esencial es que la revuelta en los países árabes ya estaba latente en el ambiente. Es la misma discusión referente a nuestro encuentro en la antigua escuela, hace más de diez años.

(...) No estoy de acuerdo con tus previsiones de que los que reclaman la democracia terminarán en sus casas sin demasiados logros. Que a lo sumo conseguirán la marcha de los dictadores, pero que el mando quedará en manos de sus hombres de confianza o de advenedizos mucho peores. No me gusta la violencia aunque tal vez tengas razón en que si los manifestantes en Egipto hubiesen tomado una actitud más beligerante ahora las cosas estarían mejor definidas. Comentaste que cientos de miles de personas asaltando el Palacio Presidencial habrían provocado la fuga del dictador. También incidiste en que el quedarse en una plaza acaba convirtiendo la manifestación en un picnic, en un área de descanso y que, finalmente, resulta un blanco fácil para desgastar y amedrentar a sus integrantes.

(...) puede que tengas razón en que una revuelta no ha de ser violenta en su amplia expresión pero que es ineludible que los machetes brillen al sol. Este es el destino de la humanidad. Salvo excepciones, cada cambio requiere de un baño de sangre.

Es vergonzante que el primer correo de este individuo tenga casi diez páginas. Cada día lamento más haberle salvado de una cárcel merecida. Nunca ha cometido ningún delito, pero es esencial recluir a los estúpidos en lugares abyectos.

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4.2.11

Comunicados 5.7

Desde ayer Andrés ya tiene conexión a Internet. Esta mañana Allan se ha desplazado hasta la vieja escuela para visitar a su socio metafísico. Ha configurado el ordenador para que pueda navegar y le ha enseñado a dar los primeros pasos en la red. Gracias a un pequeño programa que instalé en el portátil me ha sido posible visualizar toda la puesta en marcha. El resumen es muy simple: Andrés ha dado muestras de su limitación mental, aunque parece que será capaz de escribir algún correo, de consultar en Google y de escribir algunas páginas en el editor de textos.

Después de comer en un restaurante de la zona se han despedido con el compromiso de comunicarse más a menudo.

Creo que Allan habrá conseguido mejorar algo la vida de Andrés, pero me temo que puede lamentarlo. Si el apocado Andrés se decide a escribir correos sin parar, Allan tendrá incomodidad. Allan se preocupa de lo básico pero luego prefiere que se olviden de él.

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3.2.11


2.2.11

10110

10110 (5)

26 de abril de 2000

“Esta vez, a insistencia suya, nuestra conversación tuvo lugar en el recinto de la antigua escuela, sentados en torno a una mesa de mármol, situada debajo de un nogal. Sus explicaciones denotan que su desconfianza va en aumento ya que apenas sale de sus dominios. Cuando se excusó para ir en busca de algo de comida, hice un recorrido por el patio. Una parte del mismo lo ha habilitado como huerto. Me sorprendieron unas latas llenas de conchas de caracoles. Debajo de un techado hecho de plásticos y ramas tiene amontonados sacos llenos de piñas, además de bolsas con almendras y avellanas, simientes, útiles de pesca y otros enseres. Deduzco que su alimentación proviene, en buena medida, de cualquier espécimen comestible que queda a su alcance. Al ofrecerme comida convencional –galletas saladas y unas manzanas– y una jarra con agua, me sentí aliviado.

Lo puse al corriente de la situación. Le dije que, en pocas fechas, abordaría la siguiente fase del reto alquimista. Le mostré mi plena confianza en que la preparación simbólica y funcional llevada a cabo daría sus frutos, e insistí en mi implicación ineludible. Se mostró esperanzado. A lo largo de la conversación, me dio su punto de vista respecto del significado de algunas láminas, incidiendo especialmente en la simbología religiosa. Tomé nota de su glosa a pesar de no parecerme muy atinada.

A mi pregunta por su relación con las formas de pensamiento que habitan en la zona, manifestó que mantenía la costumbre de buscar el contacto con los entes, siempre en la misma habitación y a la misma hora. Explicó que los contactos seguían produciéndose, aunque la frecuencia de los mismos era menor y que seguían en la línea de mostrar las mismas láminas que ya nos eran conocidas. No obstante, aseguró que en muchos momentos del día y de la noche era capaz de percibir su compañía, de notar su presencia y que la misma le otorgaba seguridad y una extraña sensación: la de sentirse protegido por fuerzas invisibles. Al final dijo algo que me impactó:

–Estoy seguro de que pueden leer mis pensamientos y también los suyos...

Abrí unos ojos como platos.

–No se alarme. Creo que solo pueden captar aquellos pensamientos emitidos con fuerza, con insistencia, de manera vehemente.

No dije nada. La siguiente sentencia me hizo exhalar un suspiro.

–Espero que pronto seré capaz de asociar mi voluntad al cumplimiento de la misma por su parte.

Un fuerte viento levantó el vuelo durante casi un minuto. Lo reconocí como un viento espeso, insólito. Entonces, la sonrisa de Andrés me produjo un escalofrío.

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1.2.11

10110

10110 (4)


En las jornadas que siguieron, Allan se hizo con aquellos materiales que creyó indispensables para poner en marcha el desafío que iba a afrontar en estricta soledad. En el detalle exhaustivo de sus reseñas diarias –que me han permitido el seguimiento de su actividad alquimista, anterior en el tiempo a mi nacimiento consciente– refiere las modificaciones efectuadas en su vivienda con la finalidad de adaptar ciertos espacios para la práctica alquimista. Una vez que todo estuvo a punto, antes de calentar ningún matraz o de calcinar algún material, cumplió su encuentro semestral con Andrés.

La narración del mismo incide en la marginalidad de este hombre cada día más asilvestrado, a tenor de sus comentarios.

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